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sábado, 9 de agosto de 2014

¿Admirada… o violentada?

"No hay enfermedad más letal que la que se produce dentro de uno mismo, y ese es el efecto de la violencia psicológica conforme se introduce en la mente". 

belleza femenina

En este artículo quiero retomar el tema de la violencia de género, tema de gran extensión que solo a través de la difusión y la información nos puede ayudar a desmitificar y reflexionar al respecto y de esta manera proponer mejores soluciones que nos lleven a una vida libre de violencia.


Anteriormente comenté la definición de violencia de género por parte de la ONU (1994), que refiere que: "Cualquier acto que cause un daño o sufrimiento a la mujer, tanto físico como psicológico, en cualquier ámbito, será considerado violencia de género".

Podría quedar bastante claro entonces, que toda angustia y perjuicio causado a la mujer debería ser reprobado y condenado legal y socialmente, no obstante hay varios puntos de fuga dentro del tema, falacias que esconden muy bien la violencia.

Cuando se discute el tema de la violencia hacia la mujer, tendemos a virar la mirada hacia los hombres, a justificarla en el machismo y la discriminación del hombre hacia la mujer y al hacer esto perdemos de vista el papel de otros medios, incluso el de la misma mujer.

No se trata de exonerar a los involucrados, ni de restarle importancia al rol de la cultura machista, pero sí de señalar que la problemática va más allá.

Los medios masivos de comunicación nos han vendido muy bien un concepto de belleza impositivo, que incurre con mayor fuerza sobre la percepción de la mujer, proyectándola como un modelo cuasi-divino de perfección y de una ilusoria seguridad, mientras en contraste, afronta la erotización de la imagen de la mujer, que desde mi opinión no es “objeto de placer”, sino “sujeto activo” que participa y que incluso se complace de la atracción que estimula (hablando de la imagen proyectada por los medios).

¿Cuál es la verdadera identidad?

verdadera identidad

En consecuencia, nos vemos expuestas ante una doble presión por ser mujeres, la que nos viene de las obligaciones cotidianas de nuestra cultura (la hacendosa, callada, obediente, abnegada y delicada) y la que nos restriegan los medios (la exuberante, cautivadora, exquisita y encantadora mujer deseada).

La categoría de este tipo de violencia queda fuera de la ley y de la consideración pública, aun cuando es más agresiva y de mayor alcance que otras categorías de la violencia de género, sin embargo, no está tipificada como un delito.

Aunque la imagen alterada de la mujer es una fuerte agresividad hacia las mujeres, es bien vista y aceptada socialmente, anhelada por los hombres y ambicionada por las mujeres. Esta imagen resulta bastante rentable para los medios así como para varios subsectores comerciales, es una imagen productiva tanto en la venta de cosméticos cómo en la comercialización de un auto, ropa, alimentos, alcohol, otras bebidas, etc.

De esta forma podemos encontrarnos con otros temas a consecuencia de este tipo de violencia: Anorexia, depresión, baja estima, inseguridad, trastornos obsesivo- compulsivos, entre otras secuelas psicológicas en la población femenina.

No obstante, ¿quién podría culpar al comercial de aquel maravilloso aparato para moldear la figura?, o ¿cómo no reconocer los asombrosos beneficios de la crema aclarante con colágeno y queratina? Aquí tenemos otro tipo de violencia muy sutil, muchas mujeres jóvenes antes de cuestionar lo que los medios les presentarán, se preguntarán a sí mismas porqué están ellas tan mal en comparación con las modelos de revista, así como otras mujeres y una variedad de personas más, cuestionarán su peso, talla, color de piel, ojos, e incluso su actitud, introversión o falta de “gracia”.

La violencia de género también se experimenta a través de estas imágenes de mujeres fabulosas, que aun siendo irreales causan fuertes trastornos en la psique de la mujer, afectando no sólo su persona en sí, sino sus relaciones con los demás y su percepción del entorno.

woman artwork


* Este artículo es una colaboración directa de Psic. Lizbeth Rivas D.

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