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jueves, 4 de septiembre de 2014

Efectos Psicológicos de la violencia de Género (Parte II). Síndrome de indefensión aprendida

Síndrome de indefensión aprendida

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Tania es una joven madre de 3 saludables niños, el mayor apenas tiene 5 años y el más pequeño aún no camina. A pesar de ser muy joven y agradable, aparenta más edad de la que realmente tiene; todo el tiempo se ve descuidada y cansada, casi no sale de casa y su vida parece estar consagrada a su familia. 

Cuando tenía 17 años, Tania, era una chica alegre y sociable, sus allegados le auguraban un futuro promisorio en el ámbito profesional, una buena carrera y gran trabajo. 


No obstante, no concluyo sus estudios, unos años más tarde fue madre y esposa, y a pesar de que era un proyecto que le había emocionado y llenado de felicidad al principio, hoy la chica divertida e inteligente había desaparecido; ahora era una mujer constantemente angustiada, insegura y temerosa, se enojaba con mucha facilidad, especialmente con sus hijos, incluso sin tener motivo alguno, solo se sentía enojada, y ya. Sufría de insomnio, dolores de cabeza frecuentes, se sentía triste o preocupada sin saber por qué; se alejó de sus amistades porque se sentía avergonzada de quién era, inútil e incapaz de salir adelante, cada día se levantaba con pesadez para atender a su familia. 


Su infelicidad no era por que hubiese tenido hijos, ni porque se hubiese casado, era porque sufría del síndrome de indefensión aprendida a causa de la violencia de la que era víctima…


indefension aprendida

El síndrome de indefensión aprendida fue descrito por primera vez por Seligman y Maier en 1967 como:

“Un estado psicológico que se produce frecuentemente cuando los acontecimientos son incontrolables”…

Para Seligman, un organismo llega a estar indefenso frente a una determinada consecuencia cuando ésta ocurre independientemente de todas sus respuestas voluntarias.
Aunque este síndrome no es particular de la violencia de género, este es uno de los casos en los que más puede observarse, así como en adolescentes víctimas de bullying, en el ámbito laboral con el burnout, o en cualquier esfera social donde se experimente violencia.
La Indefensión Aprendida se manifiesta a través de tres déficits:

A nivel motivacional: Se observa un retraso en la iniciación de respuestas voluntarias. Si un organismo espera que sus respuestas no afecten a las consecuencias, la probabilidad de emitir tales respuestas disminuirá en el futuro. 

En un principio Tania era piropeada y alabada por su novio, su ropa, sus labios, su figura, su risa y conversación recibían toda clase de halagos por parte de él, el motivo para arreglarse y lucirse era ese, sentirse apreciada y admirada por el hombre que ella amaba, sin embargo, con el tiempo, él dejó de cortejarla y todo aquello que un día le atrajo fue motivo de críticas: “Esa falda te hace ver vulgar”, “ve que lonjas”, “Tu risa, tu platica, tu aroma… me desagrada”. Después de un tiempo, Tania dejo de intentar arreglarse y perdió toda motivación.

A nivel cognitivo: Se da una dificultad en aprender posteriormente que una respuesta controla una consecuencia, cuando previamente no la ha controlado. Aprender que una consecuencia no está relacionada con sus respuestas interfiere proactivamente con el aprendizaje futuro de que la consecuencia es ahora dependiente de sus respuestas.

Después de un tiempo Tania se sentía sola, insegura, nada parecía gustarle a él, le decía: “tonta, inútil, estúpida” (entre otras cosas) hasta que llegó un momento que termino creyéndolo, quiso salir de esa situación, buscar trabajo, pedir ayuda, y dejar a su marido; pero recordó que era tonta y nadie la contrataría, pensó que era absurdo lo que le pasaba y que nadie la ayudaría sino más bien se burlarían, le dio miedo que sus hijos se quedaron sin padre, que no pudiera mantenerlos, que no podría educarlos sin él.

A nivel emocional: Cuando las consecuencias durante la fase de pre-tratamiento son suficientemente aversivas, se producen una serie de desórdenes conductuales y fisiológicos característicos de un estado de ansiedad y miedo seguido de depresión.

Un día Tania pensó: “Ya no me importará más, esta es la vida que me tocó y ni modo” y simplemente dejó de esforzarse, entro un automatismo y creyó que así podría soportar y sobrellevar todo el maltrato que recibía en su hogar, más a un nivel inconsciente manifestaba otros síntomas aparentemente independientes de la violencia que sufría: muchas veces se sentía enojada con sus hijos, con frecuencia lloraba sin razón, le angustiaba tener que tomar alguna decisión (aún elegir que hacer de comer o qué ropa llevar, las cosas más simples le preocupaban), ya nada la hacía feliz, ni que sus hijos llevarán buenas notas en la escuela, ni el 10 de mayo con sus regalos, todo había adquirido un tono gris.

La característica de la indefensión aprendida, es que precisamente lleva a las personas a sentirse indefensa, sin posibilidades de poder cambiar su suerte, o mejorar las cosas, simplemente se dedican a “sobrevivir” como pueden y bajo consignas como: “Esta es mi cruz”, “yo me lo busque”, “Así es la vida”, entre otras similares. 
Seligman y después otros de sus colaboradores (Rappaport, Willians, Desiderato, Mineka, etc) descubrieron que además de los cambios psicológicos antes descritos, había cambios a nivel orgánico que podrían derivar en una enfermedad de mayor gravedad (cómo la depresión), entre estos efectos encontraron:

1) Reducción de la agresividad y competitividad en una variedad de situaciones (la persona ya no se defiende ni esquiva el daño, solo lo resiste).

2) Condicionamiento de altos niveles de miedo a estímulos neutrales apareados al shock (Todo aquello que pueda relacionarse con la violencia recibida le causa temor, cómo gritos en la calle, escuchar una voz similar a la de su agresor, o incluso objetos y lugares que relacione con ello)

3) Incremento de los síntomas del estrés, como es el caso de las úlceras, colitis nerviosa, entre otros (malestar ya no solo psicológico, sino también físico).

4) Alteraciones de los niveles de cortisol y de neurotransmisores, tal como el caso de la norepinefrina (causan sensación de cansancio, pesadez, morbilidad afectiva, insatisfacción, temblores de extremidades, sensación de pánico, paranoia inexplicable, debilidad generalizada, fatiga persistente, irritabilidad, repentinos cambios de humor, impaciencia, torpeza, mareos, ataques de hambre extrema, sensación de náuseas ante amenazas, etc. Además, los bajos niveles de norepinefrina pueden llevar a una falsa actitud de valentía, al no huir de situaciones de riesgo o peligro, o caer en ideaciones suicidas).

Al igual que Tania, muchas mujeres que iniciaron una relación bajo la esperanza de formar una familia feliz, han visto cambiar su suerte repentinamente al descubrir que sus parejas no lucharán por el mismo ideal. Ser víctima de la violencia es estar propensos a muchas enfermedades como consecuencia, y lo más grave de esta enfermedad de la indefensión es que quien la padece ni siquiera intentará librarse de ella.

equilibrio emocional

Fuentes consultadas:
  • Seligman, M. E. P. (1975). Helplessness: On Depression, Development, and Death. San Francisco: W. H. Freeman
  • Carlson, Neil R. (2010). Psychology the science of behaviour. Pearson Canada.
  • Rappaport y Maier, 1978; Willians, 1982
  • Desiderato y Newman, 1971; Mineka y cols, 1984
  • Weiss y cols, 1976; Anisman y cols, 1981
  • Sklar y Anisman, 1981
  • Weiss, 1971; 1977
* Este artículo es una colaboración directa de Psic. Lizbeth Rivas D.
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